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Mostrando las entradas de febrero, 2021

Bitácora de lectura

Leer sobre las marcas de otros lectores video @eugibelingar Arrancamos el 2021 con un desafío nacido del deseo de compartir en tiempos de aislamiento. Entre quienes formamos parte del taller de narrativa pusimos a rodar un libro: Kamikaze de José María Brindisi.   Editado por Editorial Entropía Cada uno hará, con un color distinto, sus marcas de lectura. Ya lo leyeron cuatro participantes y el libro sigue rodando. Veremos al final de este largo recorrido qué marcas dejará cada lector y qué ecos quedarán atrapados entre las páginas de este ejemplar peregrino. Mientras tanto, acá una nota del autor sobre este libro y el ranking preliminar de los cuentos del libro. Ranking hasta el momento: 11 07 2021  de los relatos de Kamikaze: Índice El pescador 💚💜✅ Antes del carnaval 💙 Últimos trenes 💙💚💓💜 El otro lado de mi casa💛 Los viejos💙 Los entrópicos✅ Las sombras El dios en mí Aviones El amor en fuga💙💚💓💛✅

Costureras a partir de Navidad / por Post-Data

  «Costureras a partir de Navidad» Desde mi punto de vista, en la vida humana siempre hubo etapas, yo las divido en seis: desde que nacen hasta los cuatro años, los típicos que gatean y lloran sin motivos; desde los cuatro hasta los seis, parecida a la anterior pero ahora saben hablar; desde los seis hasta los trece, acá ya es para la primaria y algo de secundaria; desde los trece hasta los dieciocho, ya son adolescentes de primera, fiestas, amores, alcohol…; desde los dieciocho hasta los veintitrés o veinticinco con suerte, donde uno está en sus últimos años de jodas hasta las seis de la mañana; desde los veintitrés hasta los cuarenta y a partir de ahí parecen exclamar en silencio «¡sálvese quien pueda y quiera!». Esa regla —al menos hasta la semana pasada—, siempre, se mantiene. Excepto en Navidad, el veinticuatro y veinticinco de Diciembre, parece que todas las etapas pasan a segunda fase de vida, las personas empiezan a actuar como un nene de seis años, vago, indeciso, y con ga...

La pierna menos hábil / Por Domador Amado

  E l niño dibujaba círculos sobre la tapa de la urna que sostenía con fuerza como una pelota contra su pecho. No le gustaba ser arquero, pero parecía sentirse protegido como dentro del área chica. Mientras deslizaba sus dedos con suavidad, recordó las películas de navidad donde las familias salen a patinar en lagunas congeladas y siguió dibujando ochos y haciendo piruetas en el aire para caer una y otra vez con la yema de sus dedos. Nunca había patinado sobre hielo. En cada golpe se daba cuenta de que la tapa se descolocaba sobre alguno de los costados para regalarle una bajada empinada. Aún se mantenía tibia y eso lo hizo sentir acompañado, como cuando, de madrugada, esperaba el micro del colegio dentro del sobretodo de su papá, para dejarse atrapar por la modorra que había olvidado en la cama. Se dio cuenta de que lo ponía en ventaja frente a sus rivales, esos que, ahora, avanzaban sobre la escarcha del parque del cementerio echando humo por la boca...

Sentencia / por María Duarte

  La historia que les voy a contar comenzó mucho tiempo antes de mi llegada .  La vi por primera vez en una de las misas que celebré en la capilla del barrio. Me llamó la atención descubrirla entre los feligreses, era muy joven para el público que asistía a escuchar mi sermón. Generalmente los pibes se acercaban a la capilla para buscar  la ropa que donaba Caritas o a pedir ayuda para algún familiar enfermo. A ellos no les gustaba oir la misa y mucho menos rezar. Me habían destinado al barrio Piletón, para sacar a los pibes de la calle, pero, sabía que a través del sermón tradicional no iba a lograrlo. Durante meses caminé por el barrio  convocándolos a distintas actividades, en poco tiempo  me transformé en el volante del equipo de futbol y en  el guitarrista de la banda. Organice infinidad de juegos, en el patio de la capilla, a los cuales cada fin de semana se sumaban más pibes. Capucha colaboraba en muchas actividades y poco a poco se convirtió en una r...

Hasta la raíz / por Federico Tuachi

  Hasta la raíz Tali estaba sentada en el medio de la sala, en un sillón Chesterfield verde oscuro que hacía juego con la tapa de su libro. Sus cortas piernas, lejos de tocar el suelo, se balanceaban al ritmo de su lectura pausada. Inquieta, se acomodaba a cada rato en diferentes posiciones. Un mínimo movimiento significaba una resonante flatulencia del sillón. El lugar estaba repleto de adultos. Del otro lado del eterno sillón había algunos niños más, pero no los conocía. No tenían el mismo superpoder que ella. Oculta tras la arcaica copia heredada de su madre de “Donde Viven los Monstruos”, Tali era tan poco visible como un camaleón experto. Lograba releer tranquila su libro favorito y opacar su timidez de la misma manera. Los superpoderes de un infante van más allá de toda comprensión lógica. El que cree, puede. Después de salvarla unas cuantas veces, el libro se ganó su permanencia en la mochila de unicornios. Podía ser un breve viaje al supermercado o una visita al temible ...